miércoles, 10 de agosto de 2016

"Stella" de Emma de la Barra

Emma de la Barra (1860-1947) es la autora de “Stella” y es, también, la fundadora de “Las mil casas” en el barrio de Tolosa. En 1944, con guión de Ulyses Petit de Murat, la novela llegó a la pantalla grande. La película, interpretada nada menos que por Zully Moreno y dirigida por Benito Perojo, próximamente se proyectará en la “Tertulia de los Sábados” de la Academia Tolosa. Emma de la Barra, en 1905, no pudo firmar la obra con su nombre y se camufló bajo el seudónimo de César Duayen. La moral de la época, y sobre todo el círculo familiar y social en el que se mueve la condicionarán para publicar bajo otra identidad. "Stella” es una novela que suma nuevos modelos de heroínas femeninas en las letras nacionales. La obra fue dedicada a la memoria del padre de la autora, Federico de la Barra, periodista y miembro del Congreso de la Confederación Argentina. Sus protagonistas son Alejandra (Alex), y su hermana Stella, a cargo de Alex por sufrir de invalidez en sus piernas. Una carta del padre de las jóvenes, Gustavo, presenta a las hermanas, encomendándolas al cuidado de su tío, hermano de la madre de las jóvenes. Alex y Stella Fussler Maura se incorporan a la sociedad porteña de la mano de su familia materna. La discapacidad de Stella hace que su hermana afronte la responsabilidad de su cuidado y manutención. Alex se erige entonces en una heroína moderna, que hereda el pensamiento científico del padre y que lo lleva adelante, mientras las mujeres de su familia están aún atadas al mundo de las emociones, de los romances. Alex no sólo recibió del padre su naturaleza sana y vigorosa, sino también su conformación moral e intelectual; su gran cerebro y su alma vasta. La novela relata en cierta forma parte de su vida: Stella es una jovencita que se casa con un hombre mayor y acaudalado. Fue escrita en pocas semanas. En un pasaje de la obra, una amiga opina de ella: “A Stella no le han enseñado a pensar”. Stella tiene su contraparte en otro personaje interesante, Alejandra, quien dice como adelantando la voz de otras mujeres que se haría estampida y también cliché: “Una persona del género femenino tiene derecho a saber algo más que Colón descubrió América, tocar piano, cantar, coser y bordar en seda china”. Alejandra (Alex) armó su biblioteca con libros austeros que leen los hombres y el círculo de sus amistades la motejan “Alex”, masculinizándole el nombre. En la novela, Stella significa la mujer horizontal, pisoteada cual una alfombra, mientras que Alejandra se animó a salir más allá de la puerta de calle. Alejandra (Alex) tiene una excepcional educación europea, una mirada moderna y avanzada sobre la sociedad y los papeles que en ella les deberían tocar al hombre y la mujer, conoce perfectamente el mundo pero no sabe cómo manejarse en la alta sociedad argentina, hipócrita y de escaso vuelo intelectual. También es incapaz de discernir sus propios sentimientos. No está preparada, por su ingenuidad, para los lances amorosos y las envidias que suscita, y, por fin, no atina a franquearse con el único personaje que podría entenderla. Correlativamente, también encontramos contradicciones y defectos en otro protagonista, Máximo Quiroz, cuya amplia experiencia vital, cultura e inteligencia no le impiden malinterpretar las actitudes de Alejandra y desconfiar de ella a pesar de su perspicacia. Sin embargo, estos defectos, lejos de perjudicar a los personajes de la novela, los hacen más humanos y creíbles, compensando el carácter abiertamente idealizado de la hermana menor de Alejandra (Stella) especie de ángel lisiado que parece salido de un cuento de Hans Christian Andersen y que contrasta con la verosimilitud realista con que están pintados los otros niños de las familias argentinas. No se puede dejar de destacar la rica, lúcida, completa y compleja pintura de costumbres que nos presenta Stella, y que en gran medida explica el éxito arrollador que tuvo. La sociedad porteña sin duda se vio reflejada en esta implacable descripción. Desde ese punto de vista, también resulta una novela fascinante para el lector de hoy. "Stella" es una clarísima apología de la instrucción de la mujer, de su incorporación a la vida intelectual y al trabajo tradicionalmente reservado a los hombres, de su capacidad para existir como ser humano más allá del matrimonio. "Stella" se convierte en un best-seller, vendiéndose 9 mil ejemplares de un tirón. El dueño de la librería pondrá un letrero que avisa que la primera edición está agotada y asegura a los frenéticos compradores que en tres días los estantes de la librería estarán repletos. Nuevas ediciones son consumidas por un público ilustrado y también por un público popular. Pasados apenas cinco años de su aparición, “Stella” ya llevaba más de veinte reediciones, y varias traducciones, destacándose la del idioma italiano, cuya edición prologó nada menos que Edmundo de Amicis. Emma había nacido en una familia acomodada de Rosario, su padre, Federico de la Barra, fue periodista, fundador de La Confederación (primer periódico rosarino) y senador por Santa Fe y su madre, Emilda González Funes, fue una dama de sociedad cordobesa . Siendo adolescente, comienza a asistir a reuniones literarias y a mitines obreros. Poco tiempo después, se casa en un matrimonio por conveniencia, acordado por su familia, con su tío Juan de la Barra (hermano de su padre) quien la doblaba en edad. Se muda con él a Buenos Aires, donde Emma continúa desarrollando el talento musical y la pintura y realizando actividades de índole social y cultural, consentida por su esposo. Entre otras, fundó la Sociedad Musical Santa Cecilia, la primera escuela profesional de mujeres; y la Cruz Roja, junto a Elisa Funes de Juárez Celman. También hizo labores de traducción, por ejemplo con la obra Novia de abril, de Guy de Chantepleure. Queda viuda y tiempo despues conoce a Julio Llanos, periodista del diario La Nación que se había encargado de los trámites para la edición de Stella, y con quien más tarde contraería matrimonio. Julio Llanos organiza un concurso que premiará a quien devele quien es César Duayen. El periodista de El Diario, Manuel Láinez, responde a esta incógnita: "Corresponde a una bellísima dama, la señora Emma de la Barra". Además de escritora, Emma fue mujer de empresa y dueña de una muy considerable fortuna que resuelve invertir en la fundación de una ciudadela en la localidad de Tolosa, que sería conocido como "Barrio de las Mil Casas". Le preguntaron cuántas casas integrarían ese complejo y Emma contestó: “Como mil casas”. En realidad serían 216 casas de techo bajo, tres habitaciones, un patio en común con aljibe de estilo colonial. Este proyecto se estancó y fracasó. El drama para la fundadora fue que el doctor Dardo Rocha se le adelantó con otra fundación que consistió en la ciudad de La Plata y “Las mil casas” estaban a medio construir. Cuando el pelotón de inmigrantes llega para trabajar en las edificaciones platenses, se desparraman en conventillos y sitios vecinos al centro, que es el lugar de trabajo. En 1882 fundan La Plata y el ingeniero Otto Krause apresura a construir unos palacios y parques deslumbrantes. “Las mil casas” se terminaron en 1887 y fueron alquiladas a obreros del Molino La Julia. El crédito, que aún no se había terminado de pagar, fue una cuenta pendiente que Ema de la Barra no pudo saldar. Con los años se fue alejando de los negocios. El Banco Hipotecario decidió, en 1910, rematar la construcción de las ‘mil casas’. En aquel entonces resultó muy difícil encontrar un comprador y el barrio quedó, por largo tiempo, deshabitado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario